En la Primera Jornada a Campo 2026 del IPCVA realizada en Bordenave, con más de 500 productores presentes, el ingeniero agrónomo Guillermo Marrón, director del Instituto de Ingeniería Rural del INTA Castelar, puso el foco en un aspecto clave pero muchas veces relegado: la correcta implantación de pasturas. Con una mirada técnica y práctica, destacó que sin una base forrajera eficiente, ningún sistema ganadero —por más genética o sanidad que incorpore— puede alcanzar su máximo potencial.
El punto de partida: “Primero el pasto”

“Primero el pasto y después pongamos un animal arriba”. Con esa frase, Marrón sintetizó el eje de su exposición, remarcando que la productividad ganadera comienza mucho antes de la hacienda.
El especialista explicó que variables como la sanidad, los cruzamientos o la elección de razas pierden impacto si no están respaldadas por un sistema de pastoreo sólido, bien implantado y persistente en el tiempo.
Implantación: el eslabón más subestimado
Uno de los puntos centrales de la charla fue la baja eficiencia en la implantación de pasturas.
“Estamos sembrando 12 o 15 kilos de alfalfa cuando podríamos lograr excelentes resultados con 6 kilos o menos”, advirtió, señalando que gran parte de la semilla se desperdicia por fallas en el proceso de siembra.
Según Marrón, el problema no está en la semilla, sino en cómo se la implanta: mala calibración, deficiente regulación de la maquinaria, profundidad incorrecta o distribución irregular.
“Los semilleros piden 250 o 300 plantas por metro cuadrado, pero muchas veces no llegamos ni cerca de eso. Hay una brecha enorme entre lo que sembramos y lo que realmente nace”, sostuvo.
Tecnología y precisión: una deuda pendiente

El director del INTA Castelar también analizó el rol de la tecnología en la siembra de pasturas, marcando que, a diferencia de la agricultura, aún existe un atraso en maquinaria específica.
“No hay un gran desarrollo de sembradoras de pasturas en el país. Muchas son adaptaciones de máquinas de soja o fina, y eso exige mayor conocimiento del operario para lograr buenos resultados”, explicó.
Sin embargo, destacó avances como el uso de pilotos automáticos, marchas inteligentes y mejoras en la regulación del tren de siembra, herramientas que contribuyen a una mayor precisión.
La clave está en el equipo humano
Más allá de la tecnología, Marrón puso especial énfasis en el factor humano.
“El operario es el ‘9 del equipo’. Es quien define el resultado final. Tiene que estar capacitado, motivado y ser parte del proceso”, afirmó.
Además, recomendó fortalecer el trabajo conjunto entre productor, asesor y contratista, generando acuerdos claros sobre objetivos, manejo y condiciones de siembra.
Tres claves para mejorar la implantación

A modo de síntesis, el especialista dejó tres recomendaciones concretas:
- Contar con un contratista especializado en siembra de pasturas.
- Trabajar con asesoramiento técnico y coordinación del equipo.
- Definir correctamente el momento de siembra según el ambiente.
“El momento es crítico. Incluso, bien manejado, se puede ‘adelantar el otoño’ en el surco”, explicó, en referencia a la importancia de las condiciones de implantación.
Medir, ajustar y controlar
Finalmente, Marrón insistió en la necesidad de mejorar los controles durante la siembra.
“No estamos midiendo lo suficiente. Desde la balanza hasta la regulación del chasis o la mezcla de semillas, todo influye en el resultado final”, indicó.
Y cerró con una imagen clara: “Si querés evaluar el sistema, contratá una vaca. Es la mejor auditora. Una buena pastura se traduce en mejor producción animal”.
La jornada dejó una conclusión contundente: en tiempos donde la ganadería busca mayor eficiencia, la clave no siempre está en incorporar más insumos, sino en hacer mejor las bases. Y en ese camino, la correcta implantación de pasturas aparece como el verdadero punto de partida.


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