Radiografía de los fertilizantes: El impacto logístico de la importación y la alarma por el desgaste de los suelos argentinos

En el marco del Seminario ACSOJA 2026 en Rosario, Casares On Line dialogó en exclusiva con los referentes de Fertilizar AC. Develaron la fuerte dependencia externa en insumos clave y la urgencia de cambiar la mentalidad para dejar de producir “en rojo”.

La nutrición de los cultivos y la sustentabilidad del sistema productivo volvieron a ser el eje central del debate en el Seminario ACSOJA 2026, desarrollado en la Bolsa de Comercio de Rosario. En ese escenario, Casares On Line dialogó mano a mano con Roberto Rotondaro, presidente de Fertilizar Asociación Civil, y con Franco Córdoba, responsable de mercados de la entidad. Los especialistas trazaron un panorama sumamente descriptivo sobre el mapa de abastecimiento de los fertilizantes en el país y encendieron las alarmas por la pérdida de nutrientes en la región pampeana.

Logística, volumen y la fuerte dependencia del exterior

Franco Córdoba, responsable de mercados Fertilizar

La cadena de abastecimiento de los fertilizantes resulta un engranaje tan complejo como determinante. Franco Córdoba detalló minuciosamente las cifras que maneja el mercado local y explicó por qué la planificación del ingreso de la mercadería por los puertos es vital para asegurar que el insumo esté disponible justo a tiempo en el campo.

“En la Argentina consumimos en promedio 5.100.000 toneladas de fertilizantes”, puntualizó Córdoba, agregando que la composición actual del mercado se reparte en un 56% de nitrogenados, 37,3% de fosfatados, 3,5% de azufrados, 1,2% de potásicos y un 2% de otros componentes.

“Más del 90% de eso son dos grupos de fertilizantes, los nitrogenados y los fosfatados. Casi 3.000.000 de toneladas son nitrogenados, casi 2.000.000 son fosfatados. Las restantes 300.000 toneladas son de otros grupos menores como azufrados y potásicos, que si bien representan un volumen mucho menor, aportan nutrientes tan esenciales como el nitrógeno y el fósforo”, desglosó el ingeniero agrónomo.

Al analizar la posición del país frente al contexto mundial, Córdoba describió una realidad de vulnerabilidad estructural: “De ese consumo de 5.1 millones de toneladas, un tercio lo producimos acá y dos tercios lo importamos. Tenemos una dependencia importante de otros países”.

Respecto al origen de los productos, especificó el mapa de las importaciones de los últimos cinco años:

  • Nitrogenados: “El 75% provino de países africanos y de países del Golfo Pérsico. Países como Nigeria, Argelia, y del Golfo Pérsico como Bahrein, Omán, Emiratos Árabes Unidos”. Aunque destacó que “en el caso de los nitrogenados tenemos una de las plantas más grandes de urea del mundo, lo que hace que la mitad de esa urea la podamos producir nosotros”, aclaró que aún dependemos del exterior para el 50% restante. No obstante, se mostró optimista a futuro: “Ahora se puso en marcha la ampliación de la producción de nitrogenados. Podríamos acercarnos al autoabastecimiento total en ese aspecto”.
  • Fosfatados: Aquí el escenario es mucho más complejo. “Tenemos una dependencia mayor al 100% tanto de producto terminado como de materia prima. ¿Por qué? Porque no tenemos yacimientos de roca fosfórica, que es la materia prima principal. Como no lo tenemos, siempre vamos a depender de otros países”. Sobre la procedencia del producto terminado, indicó que proviene de “China, Rusia y Estados Unidos”, mientras que la importación de la materia prima pura (roca fosfórica) para procesar localmente depende “en un 90% de Perú”.

Alarma por los suelos en “rojo” frente a los competidores

Roberto Rotondaro, presidente de Fertilizar AC

Por su parte, Roberto Rotondaro, presidente de Fertilizar AC, se enfocó en el aspecto estrictamente agronómico y de manejo en los lotes. Basado en los monitoreos que la entidad realiza en conjunto con el INTA, advirtió sobre un mapa global que expone crudamente el atraso local.

“Yo mostré un mapa que es bien gráfico, que es el balance anual en kilos de fósforo por hectárea por año, de todos los países del mundo. Casi el único que está en rojo es Argentina”, alertó Rotondaro. “Hoy se ha incrementado el uso de los nutrientes y los fertilizantes en buena medida, pero la agricultura y la productividad han crecido mucho y no llegamos a reponer los nutrientes que extraen las cosechas. Cuando extraemos del recurso suelo, extraemos agua, compuestos y nutrientes”.

Al compararnos con la región, el directivo fue tajante: “Brasil está ganando en fósforo. Ellos saben que si a los suelos no los nutren bien, no pueden producir, y lo están demostrando con las producciones de soja. Estados Unidos lo mismo, India, China… Nosotros estamos en rojo y eso tenemos que revertirlo”.

A partir de los ensayos técnicos presentados en el seminario, Rotondaro cuantificó el beneficio directo de romper la inercia actual: “Nutrir más, en más cantidad y mejor la soja, puede tener impactos en el rendimiento que van de un 10% hasta un 20%. Es decir, desde 300 kilos hasta algunos casos 600 o 700 kilos más de soja por hectárea. Esto se logra aumentando la dosis de fósforo e incorporando otros nutrientes como azufre y en algún caso zinc”.

De productor a “empresario agropecuario”: la receta del éxito contra el clima

Consultado por los factores que retrasan esta adopción tecnológica —si responden a variables económicas o a falta de conocimiento—, Rotondaro apuntó a la necesidad de un cambio profundo en la mentalidad corporativa del productor.

“El productor tiene que transformarse en empresario agropecuario y tomar el recurso suelo como lo que es: su principal recurso. El suelo es lo más valioso que tiene, representa el 70%, 80% o 90% de su capital”, definió.

Para el titular de Fertilizar, la clave radica en aplicar tres pilares básicos de manera integrada: siembra directa, rotación de cultivos y nutrición inteligente. Si bien reconoció que la siembra directa (que llegó a cubrir el 85% del área) sufrió un leve retroceso por la presión de las malezas, destacó el enorme aporte que viene haciendo el maíz en las rotaciones. Sin embargo, en el eje de la fertilización aclaró que el avance es más lento: “La tasa de crecimiento está cerca del 8%, pero con vaivenes. Está muy influenciado por el año económico, por las condiciones puntuales de cada año del país, donde entra a jugar el tema de las retenciones”.

Para ejemplificar los beneficios de una mirada de mediano plazo frente a la inestabilidad climática, Rotondaro citó un caso testigo de la zona semiárida de Eduardo Castex, en la provincia de La Pampa, un área que promedia apenas entre 650 y 700 milímetros anuales:

“Trajimos a un productor que estaba convencido de que tenía que hacer este ABC. Es un fanático del fósforo y lo viene haciendo hace 20 años. Él, cuando viene un año bueno de clima, puede llegar a tener 10 u 11 toneladas de maíz y el vecino capaz que tiene 7 u 8. Pero cuando viene un año complicado climáticamente, él puede llegar a tener 7 y medio u 8, mientras que el vecino capaz saca 3 o 4. Toda esa inversión en mejorar el fósforo mejora el desarrollo de raíces, la infiltración y la captura de agua. En el tiempo, eso repercute en una mejora de su negocio”.

El ABC para la soja: Fósforo y Azufre

Para finalizar, el presidente de la entidad resumió de forma práctica cuáles son las urgencias nutricionales para la oleaginosa en la actualidad, descartando la necesidad de tecnologías inaccesibles.

“Si yo pienso en soja, lo primero que pienso es aumentar fósforo y acompañarlo con azufre, y no mucho más que eso. No estoy hablando de una tecnología 6.0”, aclaró de forma sumamente accesible. “Hoy la dosis media en soja es de 4 o 5 kilos por hectárea de fósforo. Tenemos que por lo menos duplicarla. Y agregarle azufre, que en general viene en productos como el sulfato simple junto con el fósforo; es un nutriente relativamente barato y los niveles de respuesta son muy altos. Después, si querés, podés pensar en un zinc o un boro”.

Frente al recambio generacional, Rotondaro se mostró expectante y confía en que los nuevos profesionales apuntalarán esta mirada: “Hay mucho productor joven, profesional, que tiene otra mirada. Lo primero que tenemos que demostrarle al que toma la decisión y al que invierte es que cuidando su suelo, en el mediano plazo, va a ser más rentable y va a poder levantar los pisos de rendimiento”, concluyó.

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