El hecho ocurrió en un establecimiento ubicado a la vera de la Ruta Nacional 5, a la altura del kilómetro 353. Los delincuentes ingresaron rompiendo una tranquera lateral y desarmaron por completo un disco y un rolo que habían quedado ocultos en el campo. Se llevaron las ocho ruedas, las de auxilio y las masas. El contratista rural Manuel Ferraréz realizó la denuncia y cuestionó la falta de recursos para prevenir este tipo de delitos en la zona rural.
Dejó las máquinas ocultas y al día siguiente se encontró con una desagradable sorpresa
Un particular robo ocurrido en una zona rural de Pehuajó volvió a poner sobre la mesa la preocupación de productores y contratistas por la inseguridad en los campos.
El damnificado fue el contratista rural Manuel Ferraréz, quien hizo pública la situación que le tocó atravesar en el establecimiento denominado El Palenque, ubicado sobre la Ruta Nacional 5, a la altura del kilómetro 353.
Según relató, había trabajado en el lugar durante martes y miércoles. Al finalizar la jornada, decidió dejar parte de los equipos en un campo aledaño, ya que las banquinas se encontraban con agua y, debido al horario en que había terminado las tareas, resultaba complicado trasladarlos.
Para evitar que quedaran a la vista, Ferraréz dejó el disco y el rolo ocultos dentro del predio.
Pero cuando regresó al día siguiente para continuar con el trabajo se encontró con que durante la noche habían ingresado delincuentes y habían desarmado completamente ambos implementos.
Se llevaron las ocho ruedas y hasta las masas
El robo tuvo una particularidad que llamó especialmente la atención del damnificado: los delincuentes no se llevaron las máquinas completas, sino que las desarmaron en el mismo lugar.
Según explicó Ferraréz, retiraron las ocho ruedas, además de las ruedas de auxilio completas, incluyendo las respectivas masas.
Para poder hacerlo tuvieron que ingresar al establecimiento. De acuerdo con lo observado posteriormente, quedó marcado el recorrido realizado por el vehículo utilizado por los delincuentes, que habría entrado al campo luego de romper una tranquera lateral.
Una tarea que, según estimó el contratista, les habría demandado apenas unos minutos.
El resultado fue un importante perjuicio económico y la necesidad de volver a comprar todos los elementos sustraídos para poder continuar trabajando.
“Mientras uno descansa, hay delincuentes pensando cómo llevarse lo que no les pertenece”
Más allá del dinero perdido, Ferraréz puso el acento en otra cuestión que, según manifestó, resulta todavía más preocupante.
La sensación de indefensión de quienes trabajan durante largas jornadas en el campo y dejan sus herramientas y equipos en los establecimientos rurales para poder continuar al día siguiente.
El contratista señaló que tuvo que comprar nuevamente las cubiertas y los demás elementos robados. Si bien aclaró que se trataba de neumáticos usados, estimó que la reposición le demandó alrededor de $3 millones.
Pero el costo, sostuvo, no es solamente económico.
La preocupación pasa también por pensar que mientras el trabajador termina su jornada y descansa, hay delincuentes que están observando, planificando y buscando la manera de apropiarse de elementos que no les pertenecen.
La Patrulla Rural llegó rápidamente
Tras advertir lo sucedido, Ferraréz dio aviso a la Patrulla Rural, cuyos efectivos se hicieron presentes rápidamente en el lugar.
El contratista destacó que los agentes realizaron las tareas correspondientes y se ocuparon de la situación, aunque cuestionó las posibilidades concretas que tienen para prevenir este tipo de hechos debido a la falta de recursos.
Según manifestó, al momento de presentarse para realizar la denuncia, los efectivos ya se encontraban trabajando en otro hecho ocurrido en la zona de Paso.
En ese sentido, aseguró que los integrantes de la Patrulla Rural realizan un esfuerzo importante, pero cuentan con recursos muy limitados para cubrir una extensa superficie rural.
Ferraréz fue particularmente crítico al referirse a los medios disponibles para la prevención del delito rural.
Según expresó, los efectivos cuentan con “dos patrulleros destartalados” y deben realizar un trabajo prácticamente artesanal para cubrir un territorio muy amplio.
La situación, señaló, dificulta la posibilidad de tener una presencia permanente en los caminos rurales y establecimientos, algo que los productores y contratistas consideran fundamental para prevenir este tipo de delitos.
A pocos metros también habían faenado una vaquillona
El episodio no sería un hecho aislado en ese sector.
El propio Ferraréz recordó que aproximadamente un mes atrás, a unos 600 metros del lugar donde sufrió el robo, delincuentes habían ingresado a otro establecimiento y faenado una vaquillona.
“Se ve que es un lugar tranquilo para los delincuentes”, manifestó el contratista, dando cuenta de su preocupación por la reiteración de hechos delictivos en una zona donde la presencia policial resulta más difícil por la extensión del territorio.
El reclamo de quienes trabajan en el campo
El robo vuelve a generar preocupación entre quienes desarrollan actividades productivas en la zona rural y deben dejar maquinaria, herramientas e implementos en los establecimientos donde trabajan.
Para un contratista, perder elementos de trabajo no significa solamente un perjuicio patrimonial. Se trata de herramientas indispensables para poder continuar con su actividad y cumplir con los compromisos asumidos.
En este caso, Ferraréz tuvo que afrontar de su propio bolsillo una reposición cercana a los $3 millones, además de la pérdida de tiempo y la interrupción de sus tareas.
Mientras la investigación intenta determinar quiénes fueron los responsables, el damnificado pidió que se adopten medidas que permitan reforzar la prevención y evitar que hechos similares continúen repitiéndose.
Porque en el campo, donde las distancias son grandes y los recursos para la prevención muchas veces son escasos, la tranquilidad de trabajar y dejar los equipos durante unas horas no debería convertirse en una invitación para los delincuentes.


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