Carlos Casares se movilizó frente a las adicciones: Una multitud escuchó el mensaje de E.I.R.A. y el compromiso de Luis Marchioni

Más de mil personas participaron el viernes por la tarde de una charla sobre prevención y concientización de las adicciones, organizada por clubes y escuelas del distrito. Luis Marchioni, fundador de la Fundación E.I.R.A., compartió su experiencia personal y habló sin rodeos sobre el consumo problemático, las dificultades del sistema de salud mental y la necesidad de acompañar a quienes atraviesan esta enfermedad. En diálogo con Casares On Line, aseguró que las puertas de la institución están abiertas para los casarenses que necesiten ayuda, independientemente de su situación económica.

La problemática de las adicciones convocó a una multitud en Carlos Casares. El viernes por la tarde, una importante cantidad de vecinos se acercó a participar de la charla denominada “Prevención y concientización sobre adicciones”, a cargo de profesionales del Centro E.I.R.A. (Centro Emocional e Interactivo de Resiliencia Argentina), en una iniciativa impulsada por clubes y establecimientos educativos del distrito, la que tuvo lugar en El Ovalo de la Camara de Comercio local.

La convocatoria superó las expectativas de los organizadores. Según destacó Luis Marchioni, fundador de la institución, alrededor de mil personas estuvieron presentes para escuchar las experiencias, los testimonios y las reflexiones de quienes trabajan diariamente en la recuperación de personas con consumos problemáticos.

La presencia de vecinos de distintos ámbitos de la comunidad dejó en evidencia que las adicciones son una preocupación que atraviesa a numerosas familias y que requiere compromiso, información y respuestas concretas.

Durante el encuentro se abordó una realidad compleja, muchas veces silenciada, que afecta a personas de distintas edades y condiciones sociales. Lejos de limitarse a una exposición teórica, la charla puso el acento en las experiencias personales, las consecuencias del consumo y la importancia de pedir ayuda a tiempo.

Una convocatoria que superó las expectativas

En diálogo con Casares On Line, Marchioni se mostró satisfecho por la respuesta de la comunidad y destacó que la concurrencia no estuvo integrada solamente por integrantes de los clubes y las escuelas que impulsaron la actividad.

“Creo que colmó todas las expectativas. Uno se preguntaba cuánta gente podía llegar a venir, más allá de la convocatoria de los clubes, pero después empezó a mirar y no eran solamente personas de los clubes, sino también de la sociedad”, señaló.

Para el fundador de E.I.R.A., la presencia de alrededor de mil personas tiene un significado que va más allá de la cantidad de asistentes.

“Marca que es un tema que está en el tapete y hay que empezar a ocuparse. Es un montón que vengan mil personas a escuchar esto”, expresó.

La participación y el silencio con el que se siguieron los distintos testimonios fueron algunos de los aspectos que más llamaron la atención durante la jornada. Las experiencias relatadas, muchas de ellas atravesadas por situaciones límite, permitieron poner en palabras una realidad que suele permanecer puertas adentro de los hogares.

De una experiencia personal a la creación de E.I.R.A.

Marchioni conoce de cerca el problema del que habla. Su propia historia de consumo, las internaciones y los tratamientos que atravesó fueron determinantes para impulsar un proyecto que, con el tiempo, se convirtió en una institución dedicada a la atención integral de personas con adicciones.

Al recordar los comienzos de la fundación y el crecimiento alcanzado, reconoció que la dimensión actual era difícil de imaginar seis años atrás.

“Lo que yo tenía pensado, la pasión que le pongo y el camino al que me quería dirigir, eso estaba claro. Después, las cosas se fueron dando solas”, explicó.

Y agregó una definición que considera central en su manera de trabajar: “Lo que pienso, lo digo, lo desarrollo y lo hago. No ando con vueltas, digo la verdad y hago lo que digo”.

Sin embargo, detrás del crecimiento de E.I.R.A. hay una convicción que, según explicó, estuvo presente desde el primer momento: la necesidad de ofrecer un tratamiento diferente al que él mismo había conocido.

“Yo estaba convencido de que el adicto no tenía que ser maltratado nunca más en la vida”, sostuvo.

“Necesitamos amor, respeto y empatía”

Al explicar cómo surgió la propuesta terapéutica de E.I.R.A., Marchioni fue crítico con las condiciones que, según su experiencia, encontró durante sus anteriores internaciones y tratamientos.

Describió situaciones de abandono y carencias básicas, como la falta de agua caliente, alimentación adecuada o colchones en condiciones, y cuestionó que una persona que pide ayuda deba atravesar situaciones de ese tipo.

“Uno pide ayuda, levanta la mano, y tiene que pasarla mal. Es como que te tiran”, manifestó.

Aquellas experiencias fueron marcando el camino que decidió tomar. En lugar de reproducir las prácticas que consideraba equivocadas, buscó construir un espacio en el que el respeto por la persona y el acompañamiento emocional ocuparan un lugar central.

“El aprendizaje que fui recorriendo con mis internaciones y mis tratamientos anteriores fue: no es por acá, no es por acá. Nosotros necesitamos amor, respeto, empatía, que es lo que siempre nos faltó. Y eso es lo que yo llevo adelante”, afirmó.

Para Marchioni, la recuperación no puede reducirse a la atención médica ni al cumplimiento de determinadas pautas de tratamiento. También requiere generar vínculos, recuperar la confianza y garantizar que quien atraviesa una adicción pueda sentirse acompañado.

En ese sentido, remarcó la importancia de que los equipos terapéuticos se involucren de manera humana con los pacientes.

Según contó, le llevó más de cinco años conformar un equipo que compartiera esa mirada y que entendiera que un gesto tan sencillo como acercarse a una persona, detenerse en un pasillo y darle un abrazo puede tener un enorme valor dentro de un proceso de recuperación.

“Profesionales está lleno. Gente que dice que trabaja está lleno. Pero a mí me costó mucho lograr un equipo que, cuando va por los pasillos de la fundación, se pare y le dé un abrazo al adicto que está en tratamiento”, explicó.

El desafío de vivir “solo por hoy”

Otro de los conceptos que atravesó la charla fue la importancia de concentrarse en el presente durante el proceso de recuperación.

Ante la consulta sobre cómo se transita el camino después de dejar el consumo, Marchioni explicó que en E.I.R.A. se trabaja con una consigna que resume esa filosofía: vivir “solo por hoy”.

“Hoy es el presente, no hay ayer, no hay mañana. Es hoy, de aquí a ahora. Hay que estar atento a todo para no volver a consumir. Y así vamos sumando de 24 horas”, señaló.

La frase sintetiza una forma de afrontar la recuperación que pone el foco en el día a día, en las decisiones cotidianas y en la necesidad de sostener el acompañamiento para evitar recaídas.

No se trata de desconocer el pasado ni de dejar de pensar en el futuro, sino de concentrar los esfuerzos en el presente y avanzar paso a paso.

La dimensión de E.I.R.A.: pacientes y familias en tratamiento

La fundación cuenta actualmente con una estructura que, de acuerdo con los datos aportados por su fundador, reúne a cientos de personas entre pacientes y familiares.

Marchioni precisó que tienen tres espacios de atención en funcionamiento simultáneo, con 179 personas internadas y más de 290 en tratamiento en total. A esa cifra se suman alrededor de 1.400 familiares que también participan de los procesos terapéuticos.

El acompañamiento de las familias constituye uno de los componentes centrales del abordaje de E.I.R.A. La institución entiende que las adicciones no afectan únicamente a quien consume, sino que también repercuten en su entorno más cercano, que necesita herramientas para comprender la problemática y acompañar la recuperación.

La propuesta de la fundación contempla un abordaje integral, con profesionales de distintas disciplinas, atención psicoterapéutica y acciones orientadas a la rehabilitación y la reinserción social.

De acuerdo con lo informado por Marchioni, el crecimiento de la demanda también impulsó la construcción de una nueva sede frente al establecimiento principal, que permitiría sumar capacidad para albergar entre 150 y 200 personas más.

El desarrollo de esta estructura refleja la magnitud que alcanzó el proyecto desde sus comienzos y los desafíos que representa dar respuesta a una problemática que continúa demandando espacios de atención.

¿Es posible tener una sede de E.I.R.A. en la región?

Gastón Pauls, fue parte de la charla contando su historia dejando un mensaje muy sentido

Durante la entrevista con Casares On Line también surgió la posibilidad de contar con una institución de estas características en esta zona de la provincia de Buenos Aires.

Marchioni reconoció que no es una cuestión sencilla. A su entender, la principal dificultad no pasa solamente por disponer de recursos materiales o encontrar profesionales, sino por reunir personas que compartan una determinada concepción del tratamiento.

“Se complica conseguir gente que tenga amor, empatía y respeto hacia las personas”, sostuvo.

El fundador señaló que recibió propuestas de distintos lugares del país y del exterior para impulsar nuevos proyectos, aunque dejó en claro que no está dispuesto a expandir la institución sin preservar los principios que considera fundamentales.

“E.I.R.A. es amor, E.I.R.A. no es plata. E.I.R.A. es respeto”, resumió.

La definición refleja una postura que, según explicó, busca evitar que el crecimiento económico o la expansión territorial se impongan sobre la calidad humana del acompañamiento terapéutico.

Un mensaje directo para los casarenses: “No me importa el dinero, vamos a ayudar igual”

Uno de los momentos más significativos de la entrevista estuvo relacionado con la posibilidad de que personas de Carlos Casares que atraviesan problemas de consumo puedan acceder a la atención de E.I.R.A.

Marchioni fue contundente al afirmar que la situación económica no debe convertirse en un impedimento para pedir ayuda.

“Cuando yo paré de consumir y pedí ayuda no tenía nada, ni nada ni nadie que pudiera solventarme algo. Y alguien me ayudó. Bueno, yo hago lo mismo, mucho más por mi pueblo, por mi Carlos Casares”, expresó.

En ese sentido, reconoció que muchas personas pueden considerar que acceder a un tratamiento en la institución resulta imposible por sus costos, pero buscó despejar esa preocupación entre los vecinos de su ciudad.

“La gente de Carlos Casares que se llame tranquila, que no me importa el dinero, vamos a ayudar igual”, aseguró.

La declaración adquiere una relevancia particular en una comunidad donde, como ocurre en tantos otros lugares, hay personas y familias que enfrentan el consumo problemático en silencio y que no siempre saben dónde acudir o cómo afrontar los costos de un tratamiento.

Marchioni también aportó un dato sobre la asistencia brindada hasta el momento a vecinos de la ciudad. Según indicó, más de 30 casarenses pasaron por internaciones en E.I.R.A. y solamente dos de esas familias realizaron aportes económicos.

Lejos de plantearlo como un reclamo, utilizó esa experiencia para reafirmar su compromiso con sus raíces y con quienes necesitan una oportunidad para recuperarse.

“Los casarenses para mí son palabra santa, son mis raíces, mi corazón está acá. Y siempre van a estar acá”, manifestó.

Su mensaje fue claro: pedir ayuda es el primer paso y la falta de recursos económicos no debería impedir que una persona o su familia busquen una salida.

“La droga te mata”: hablar de la realidad sin eufemismos

La charla se caracterizó por un lenguaje directo, con testimonios que expusieron las consecuencias más duras del consumo problemático. Para Marchioni, ese modo de comunicar no responde a una intención de generar miedo, sino a la necesidad de mostrar una realidad que muchas veces se minimiza.

Consultado sobre la crudeza de algunos relatos, defendió la importancia de hablar desde la experiencia.

“Yo digo que es con la realidad y la verdad con la que se habla. A veces no son las palabras tan hermosas que uno quiere escuchar, pero son las más sentidas y por ahí son las que más entran en la gente”, explicó.

Y agregó: “Nosotros te hablamos de la experiencia duramente adquirida”.

La intención, señaló, es que los más jóvenes, los adultos y las familias puedan dimensionar las consecuencias que puede alcanzar una adicción cuando no se recibe ayuda.

En ese contexto, recordó situaciones extremas que forman parte de las historias de quienes llegaron a la fundación después de atravesar períodos de deterioro físico, aislamiento y pérdida de vínculos.

“Flaco, la droga te mata”, expresó, al remarcar que detrás de los consumos problemáticos puede haber desenlaces vinculados con la muerte, la cárcel o la hospitalización.

Para Marchioni, es fundamental que la sociedad deje de mirar hacia otro lado y comprenda que una persona con una adicción necesita atención, acompañamiento y una oportunidad real de recuperación.

La familia también necesita ayuda

El abordaje de las adicciones requiere comprender que el problema no se limita a la persona que consume. Las familias también atraviesan situaciones de angustia, incertidumbre y desgaste, muchas veces sin saber cómo actuar o a quién recurrir.

Por eso, el trabajo con el entorno familiar ocupa un lugar importante en la propuesta de E.I.R.A., que busca brindar herramientas para entender la enfermedad, reconocer sus consecuencias y acompañar el proceso de recuperación.

La participación de familiares en los tratamientos apunta a fortalecer los vínculos y a construir una red de apoyo que pueda sostenerse más allá de la internación.

En ese camino, resulta fundamental que los prejuicios no se conviertan en una barrera. Las adicciones no deben abordarse desde la estigmatización ni desde la condena personal, sino desde la comprensión de una problemática compleja que requiere atención profesional y compromiso social.

Pedir ayuda no es una señal de debilidad. Por el contrario, reconocer que existe un problema y buscar asistencia puede representar el comienzo de un cambio decisivo.

“Los adictos nos morimos en silencio y nos recuperamos en voz alta”

Hacia el final de la entrevista, Marchioni dejó una frase que resume buena parte del mensaje que buscó transmitir durante la jornada en Carlos Casares.

“Los adictos nos morimos en silencio. Y nos recuperamos en voz alta”, afirmó.

La expresión sintetiza la necesidad de romper con el aislamiento, hablar de las adicciones sin prejuicios y permitir que las experiencias de quienes atravesaron el consumo puedan servir de referencia para otros.

La convocatoria del viernes mostró que existe interés en escuchar, conocer y debatir una problemática que atraviesa a distintos sectores de la sociedad. La presencia de alrededor de mil personas constituyó una señal de que el tema preocupa y de que hay una comunidad dispuesta a involucrarse.

La organización de la charla por parte de clubes y escuelas del distrito también puso en primer plano el papel que pueden desempeñar las instituciones en la prevención, especialmente cuando se trata de acercar información y abrir espacios de diálogo.

El desafío, sin embargo, comienza después del encuentro: sostener la conversación, acompañar a quienes necesitan ayuda y generar condiciones para que las personas con consumos problemáticos puedan acceder a una atención adecuada.

El mensaje de Marchioni apuntó precisamente a eso. Detrás de cada adicción hay una persona, una historia y, muchas veces, una familia que también necesita ser escuchada.

En Carlos Casares, la convocatoria dejó una señal contundente: las adicciones ya no pueden seguir siendo un tema del que se habla en voz baja. Informar, prevenir y acompañar son pasos indispensables para que quienes atraviesan esta realidad sepan que no están solos y que pedir ayuda es posible.

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