El kiwal de Saladillo: Cuando una idea se convierte en proyecto de vida

Lo que comenzó como una curiosidad en una chacra familiar terminó transformándose en un emprendimiento productivo, turístico y sustentable. María de los Ángeles Dellatorre y Oscar de Luca apostaron por el cultivo de kiwi en una zona no tradicional y hoy consolidan un modelo que combina agroecología, valor agregado y experiencias rurales únicas.

De la curiosidad a la pasión

A veces los grandes proyectos nacen de pequeños detalles. En este caso, todo comenzó con dos plantas de kiwi que nunca dieron frutos en una chacra familiar. Ese fue el punto de partida para que Oscar de Luca, kinesiólogo de profesión, comenzara a investigar sobre este cultivo poco común en el interior bonaerense.

Junto a su esposa, María de los Ángeles Dellatorre —contadora y diplomada en Turismo Rural—, iniciaron un camino de aprendizaje que incluyó visitas a productores de la zona de Mar del Plata y Sierra de los Padres. Fue allí donde la idea tomó forma: desarrollar su propia plantación de kiwis en Saladillo.

“Cuando vimos esa plantación, supimos que eso era lo que queríamos para nosotros”, recuerdan.

Apostar a lo imposible

El desafío no era menor. Saladillo no es una zona tradicional para el cultivo de kiwi, que suele concentrarse en el cordón frutícola de la costa bonaerense. Sin embargo, en 2009 comenzaron con apenas 20 plantas, acompañadas por cortinas de casuarinas para protegerlas del viento, sistemas de riego y estructuras antigranizo.

El tiempo y la paciencia fueron claves. Las condiciones climáticas jugaron a favor: inviernos fríos, necesarios para que la planta acumule energía, y un manejo cuidadoso del cultivo. Hoy, el kiwal cuenta con unas 500 plantas, entre ejemplares machos y hembras, que permiten asegurar la producción.

Incluso incorporaron técnicas como la polinización manual, utilizando polen adquirido a alto costo, para garantizar el cuajado del fruto y mejorar los rindes.

El salto productivo y la expansión

Recién entre 2015 y 2016 lograron alcanzar un volumen que permitió comenzar la comercialización. En un inicio, las ventas eran exclusivamente locales, pero con el tiempo el emprendimiento creció y expandió su alcance a distintas ciudades de la provincia.

Actualmente, no solo distribuyen su producción en diversos puntos, sino que también acercan sus productos a consumidores en parajes rurales, facilitando el acceso a frutas frescas y de calidad.

Agroecología y valor agregado

Uno de los pilares del proyecto es la producción agroecológica. Hace seis años, María de los Ángeles impulsó la certificación de sus kiwis bajo esta modalidad, lo que garantiza la ausencia de agroquímicos y aporta trazabilidad al producto.

Además, desarrollaron una línea de valor agregado que incluye mermeladas artesanales de kiwi y cítricos. Para ello, procesan la fruta en su punto justo de maduración, la conservan y la transforman en productos elaborados que mantienen su calidad y sabor.

El emprendimiento también forma parte del programa Mercados Bonaerenses, lo que les permite comercializar sin restricciones y ofrecer beneficios a los consumidores, fortaleciendo el vínculo directo productor-cliente.

El “camino de la vitamina C”

Con el crecimiento del proyecto, incorporaron una plantación de cítricos que hoy suma alrededor de 300 plantas entre limoneros, naranjos y mandarinos. Esta diversificación permite extender la oferta productiva durante el año.

“Tenemos kiwis en otoño y luego cítricos en invierno. Es lo que llamamos el camino de la vitamina C”, explican.

Turismo rural: una experiencia para los sentidos

El kiwal no es solo un espacio productivo, sino también un destino turístico. Desde hace tres años, el lugar recibe visitantes de distintos puntos del país, especialmente de Capital Federal, el conurbano y La Plata.

La propuesta invita a vivir la experiencia de ser “cosechero por un día”. Durante aproximadamente dos horas, los visitantes recorren la plantación, aprenden sobre el cultivo, cosechan su propia fruta y finalizan la actividad con una degustación en un entorno natural.

El contacto con la tierra, el aire libre y la posibilidad de compartir en familia o con amigos convierten la visita en una experiencia integral.

Una historia que crece con la tierra

El caso del kiwal de Saladillo demuestra que la innovación y la perseverancia pueden romper barreras geográficas y productivas. Lo que comenzó como una inquietud hoy es un emprendimiento consolidado que combina producción, sustentabilidad y turismo.

Además, pone en valor el potencial del kiwi bonaerense, una fruta originaria de Asia que encontró en ciertas regiones de la provincia condiciones ideales para desarrollarse.

A tan solo 185 kilómetros de Buenos Aires, este proyecto no solo ofrece productos de calidad, sino también una invitación a reconectar con la naturaleza y descubrir que, a veces, las mejores historias nacen de una simple pregunta.

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