Tras una jornada marcada por la lluvia, Nicolás Romano, referente de la consultora Trybus, analizó el complejo escenario de la campaña 25/26. Del récord hídrico de 1400 mm a la falta de agua en enero, el girasol se consolida como el aliado estratégico para equilibrar los números del productor.

El clima, ese socio impredecible del campo, dio la nota nuevamente. Lo que debía ser una recorrida de ensayos en lote terminó en una charla de café y análisis técnico debido a las precipitaciones. Sin embargo, para Nicolás Romano, de la consultora Trybus, el balance es positivo: el girasol ha dejado de ser un cultivo de emergencia para convertirse en un pilar de la rotación en el oeste bonaerense.
Un año de contrastes: Del “mar” de febrero a la sed de enero
La campaña actual viene marcada por una herencia climática pesada. Según explicó Romano, el 2025 sorprendió ya que dejó más de 1400 milímetros en los partidos de 9 de Julio y Carlos Casares, provocando anegamientos y complicaciones logísticas severas durante el otoño y el invierno.
“Pasamos de un exceso absoluto a una condición de falta de agua en menos de un año”, señaló el ingeniero. Esta humedad inicial obligó a retrasar las siembras y, en muchos casos, a reducir el área planificada originalmente para el girasol. No obstante, el cultivo demostró su resiliencia: mientras el maíz y la soja sufrieron el estrés hídrico de enero, el girasol transitó esa etapa con el rendimiento ya prácticamente definido.
“El girasol es el cultivo que, en años donde diciembre y enero ‘nos pegan en el palo’, estabiliza el riesgo de nuestra actividad”, destacó Romano.
Rendimientos: El desafío de superar una campaña excepcional

Al comparar con el ciclo anterior, la vara quedó sumamente alta. La campaña pasada fue calificada como “excepcional”, con rindes que superaron holgadamente los 3.000 kilos por hectárea.
Para este año, las perspectivas son más cautas. Romano advierte que la combinación de siembras tardías y temperaturas medias por debajo de lo normal durante noviembre ha limitado el potencial de desarrollo. “Estamos un escalón por debajo del año pasado, pero en un contexto que sigue siendo muy competitivo”, afirmó.
Los pilares del rendimiento en la red de ensayos
Desde la consultora Tribus, llevan adelante una red de ensayos comparativos en localidades clave como Carlos Casares, 9 de Julio y Trenque Lauquen. Los puntos críticos analizados junto a más de 20 empresas del sector incluyen:
- Densidad de siembra: Ajustar el número de plantas por metro es vital para no resignar rinde.
- Nutrición: La respuesta al agregado de nitrógeno sigue siendo un diferencial económico.
- Sanidad: El uso estratégico de fungicidas para proteger el área foliar.
- Materia Grasa: Junto con el rinde, es el componente que termina de definir el éxito del negocio.
La amenaza del cielo: Cotorras y palomas en el foco
Un tema que ganó protagonismo en el cierre de la jornada fue el daño provocado por las aves. Romano fue tajante: “Donde hay comida, la plaga crece”. Con el aumento de la superficie de girasol y el sistema de siembra directa (que deja grano disponible todo el año), la población de cotorras y palomas se ha masificado.

El ingeniero subrayó la necesidad de una coordinación regional entre municipios para el control de estas plagas, ya que el daño en cabeceras es cada vez más agresivo. Mientras tanto, la recomendación agronómica para mitigar pérdidas es clara:
- Secado anticipado del cultivo.
- Cosecha rápida para reducir la ventana de exposición al daño de las aves.
El girasol “vino para quedarse”
Más allá de los traspiés climáticos, el mensaje para los productores es de permanencia. Las empresas líderes han vuelto a incluir al girasol en sus rotaciones estables, reconociendo su capacidad para aportar previsibilidad financiera en un entorno de alta incertidumbre climática.


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