Ganadería de precisión: Los tres ejes para producir carne y genética de valor sin margen de error

En una entrevista a fondo, el ingeniero agrónomo del INTA Anguil, Aníbal Pordomingo, detalló las claves del modelo productivo de la cabaña: desde la alta competencia con embriones hasta un innovador sistema de recría con terceros basado en la eficiencia. Además, advirtió sobre la importancia de no confundir “un animal lleno con uno bien alimentado”.

Jornada a campodel IPCVA en 9 de Julio: El avance de la ganadería actual no permite improvisaciones, y las cabañas de la región lo saben bien. En el marco de una presentación técnica que puso la lupa sobre los sistemas de producción de carne y el mejoramiento genético, el ingeniero agrónomo Aníbal Pordomingo, especialista del INTA Anguil, desmenuzó la estrategia comercial y operativa que hoy marca el rumbo del sector.

El modelo, según explicó el técnico, se sostiene firmemente sobre tres unidades de negocios bien definidas: la alta genética, la cría comercial con soporte de receptoras y un esquema de recría capitalizada que busca beneficiar tanto al productor como al dueño del campo.

Las tres patas del negocio ganadero

Para ordenar los objetivos de producción de la empresa, Pordomingo diferenció los tres modelos que conviven y se retroalimentan. El primero es la cabaña pura, enfocada de lleno en la producción de animales de alto valor. “Ahí se trabaja con el acelerador puesto en la generación de embriones y su transferencia a vacas receptoras”, señaló.

El segundo eslabón es la cría tradicional, pero fuertemente vinculada al mejoramiento genético. En esta etapa coexisten las hembras comerciales de acopio que funcionan como receptoras y los vientres seleccionados para ser inseminados con el semen generado en la propia cabaña, aplicando tecnologías de punta para la producción de terneros.

La gran novedad o vuelta de tuerca comercial aparece en el tercer eje: el servicio de recría de animales de terceros. Lo que nació como una herramienta para el rodeo propio, migró hacia un modelo de capitalización. “Hacerlo con terceros significa vender un servicio y recriar con el capital de inversión de otros”, detalló el ingeniero. La clave de esto es el monitoreo continuo: el dueño del ganado recibe información precisa de la trayectoria de su lote desde el día que ingresa hasta que sale.

El partido se juega en la eficiencia de los kilos

Respecto a cómo se distribuyen las ganancias en este sistema de recría compartida para que el negocio sea sustentable y atractivo para ambas partes, Pordomingo fue muy claro: la clave es la ganancia diaria de peso.

“La idea es que el porcentaje de capitalización esté sujeto a la eficiencia. En la medida en que hay mayor aumento de peso, más se comparte hacia el campo. Cuando el aumento es menor, una proporción mayor va para el capitalizador”, explicó.

Las metas productivas: El especialista advirtió que no se buscan animales “gordos” de un kilo diario, sino mantener metas óptimas de entre 600 y 700 gramos. Si el desarrollo cae por debajo de los 500 gramos, la balanza de la capitalización empieza a dejar de ser negocio para el establecimiento.

Selección estricta: el camino a la excelencia del Limangus

Al ser consultado sobre el nivel actual de la cabaña, que ya cuenta con algo más de una década de trayectoria, el técnico del INTA aseguró que, si bien se lograron avances rotundos en comparación con años anteriores, el techo todavía está lejos. “Falta. Hay mucho espacio de selección y mejora. No estamos en una situación de absoluto confort o de homogeneidad total”, reconoció.

En ese sentido, anticipó que el objetivo a corto plazo es abrir el abanico dentro de la raza sintética Limangus, buscando diferentes linajes internos sin necesidad de volver a incorporar sangre de las razas parentales (Angus y Limousin). “Si buscás habilidad materna, vas hacia biotipos que pesan más del lado del Angus. Si querés rendimiento carnicero, te volcás a linajes más ‘alimucinados’. La variabilidad está dentro de la misma raza”, aseguró, aclarando que todo esto se hace cuidando que no se comprometa el nivel de engrasamiento.

El filtro para lograr esto es implacable. Aquellos animales, ya sean machos o hembras, que no superan las estrictas evaluaciones fenotípicas (mediciones, calibres, circunferencia escrotal o las pruebas de Eficiencia de Conversión Alimenticia – RFI), se descartan automáticamente como reproductores y se derivan al mercado comercial de engorde. “No todos se quedan replicando genética”, sentenció.

Una advertencia clave: “No hay que confundir lleno con alimentado”

Sobre el final de la charla, Pordomingo dejó una fuerte recomendación técnica respecto al manejo de la alimentación en los corrales y pasturas, advirtiendo que un error de diagnóstico puede arruinar el trabajo de selección.

“El control permanente de la dieta es fundamental porque si no, uno confunde la respuesta al alimento con el potencial del animal. No tenemos que convertir al animal en un evaluador de alimentos, tenemos que lograr que exprese su genética”, enfatizó.

Para graficarlo de manera sencilla, el ingeniero disparó una frase contundente: “No hay que confundir lleno con alimentado. A veces el animal está lleno de un pasto que no es digerible, y ahí estás evaluando la calidad del pasto, no la capacidad del animal. Cuando los bichos aumentan apenas 300 gramos por día, no están mostrando su habilidad de crecimiento, solo están demostrando su capacidad de supervivencia ante un forraje de baja calidad”, concluyó.

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