Camino a la mesa de la vida: Festividad del Corpus Christi y colecta anual de Cáritas

Al celebrar la festividad del Cuerpo y la sangre de Cristo, el obispo Torrado Mosconi, pidió por un pronto regreso a la celebración pública de los sacramentos, afirmando que la eucaristía es el sustento de la caridad, la generosidad y la solidaridad de los creyentes.

Desde el sábado por la tarde y durante todo el domingo, tuvo lugar la solemnidad del santísimo cuerpo y sangre de Cristo, conmemorada en toda la diócesis coincidiendo con la colecta anual de Cáritas, cuyo lema fue “Tu generosidad aumenta la esperanza”.

Por la emergencia sanitaria una y otra se fueron preparando y llevaron a cabo con nueva modalidad apelando a la ayuda de las tecnologías digitales y los medios de comunicación.

La difusión y concientización sobre la necesidad e importancia de la Colecta, fue preparándose cuidadosamente en los últimos días mediante una serie de mensajes de los agentes de cada cáritas parroquial, de algunos responsables, del director diocesano, del vicepresidente y del obispo diocesano. Al mismo tiempo, en muchas comunidades parroquiales, se tuvieron momentos de exposición del santísimo

Sacramento para la adoración eucarística transmitido por distintas redes sociales así como la Misa de esta fiesta tan cara a la piedad del pueblo cristiano.

Monseñor Torrado Mosconi celebró la santa Misa, el sábado por la tarde desde la capilla del obispado, siendo transmitida por televisión y otras redes sociales.

En la homilía, comentando las lecturas bíblicas, recordó la experiencia del pueblo dela antiguo testamento que supo aprender la enseñanza de sus tiempos de tribulación descubriendo en esas circunstancias la presencia, cercanía y actuación del Señor en sus vidas. “Especialmente recordar los consuelos y la fortaleza con que Dios nos ha revestido en los momentos de dolor, de enfermedad, de muerte de seres queridos, de fracasos y problemas. ¡Dios es nuestro compañero de camino!” afirmó.

Asimismo puso de manifiesto el fuerte y estrecho vínculo que existe entre el sacramento de la comunión eucarística y el mandamiento nuevo de la caridad, relacionando la fiesta del Corpus con la colecta anual de Cáritas. “¡Extendamos la mesa para que todos se sientan invitados a la comunión, que nadie se sienta excluido de esta mesa que el mismo Cristo tiende para todos” sostuvo.

Al finalizar la predicación, expresó el deseo y anhelo de poder volver, lo antes posible, a la celebración pública de la misa en las iglesias con la participación de los fieles. “En este tiempo he podido palpar como tantísimos fieles, familiar y comunidades, desean, ansían y valoran la Eucaristía. Esta especie de “ayuno” eucarístico tan peculiar, seguramente nos ayudará a aprender la lección de la necesidad del sacramento para la vida. Roguemos confiadamente volver a la “nueva normalidad” eucarística, a la verdadera fiesta del pueblo santo de Dios” concluyó.

Al concluir la misa, se tuvo un momento de adoración, alabanza y meditación. Para finalizarlo, el obispo impartió la bendición eucarística con el santísimo Sacramento.

Camino a la Mesa de la Vida

Impresiona la claridad y contundencia, con la cual la palabra de Dios recién proclamada viene a iluminar este momento doloroso e inédito de la humanidad, la Iglesia y nuestra propia comunidad. Los textos bíblicos de esta hermosa fiesta nos ayudarán a recordar que Dios es nuestro compañero de camino, nos invita a su mesa y nos da el alimento que da vida. Camino, mesa y pan son las tres imágenes que nos propone la liturgia de hoy.

Jesús, compañero de camino

Moisés es invitado por el Señor a recordar las penurias pasadas durante cuarenta años de camino por el desierto. Así también nosotros debemos volver a hacer pasar por nuestro corazón la acción de Dios en el camino de nuestra propia existencia. Especialmente recordar los consuelos y la fortaleza con que Dios nos ha revestido en los momentos de dolor, de enfermedad, de muerte de seres queridos, de fracasos y problemas. Dios es nuestro compañero de camino.

También como pueblo estamos transitando hoy una situación de sufrimiento, incertidumbre y necesidad que atraviesa  todos los sectores sociales y repercute en cada uno de los aspectos de la vida de las personas. Enfermedad y muerte, falta de trabajo y aumento de la pobreza, pérdidas y daños materiales que están dejando profundas heridas y traumas, sacando a la luz la indigencia, vulnerabilidad y fragilidad más profunda de los seres humanos. La primera lectura del Deuteronomio recuerda cómo el pueblo del antiguo testamento aprendió en carne propia la lección de que Dios no abandona a su familia, guiándola y educándola en medio de los vaivenes de la historia. Y, sobre todo, no deja de nutrirla con un alimento que da y es Él mismo. ¡También hoy sigue ofreciéndonos ese maná que sacia nuestra hambre más profunda!

Jesús nos invita a su mesa

La mesa es signo de la unidad y la comunión. En torno a la mesa surge la reconciliación, la memoria de lo compartido, la alegría de la unión. Por eso es tan importante sentarnos a la mesa de la eucaristía para recibir el don de la comunión.

Bien sabemos que, en momentos de crisis, aflora la tentación del egoísmo que genera divisiones, enfrentamientos o conductas mezquinas. La lectura de la primera carta a los Corintios, nos recuerda que el sacramento eucarístico genera y mantiene la unidad en la Iglesia, para permanecer en comunión, ayudarnos a vivir el mandamiento nuevo de la caridad y convertirnos en difusores de ese amor en la sociedad. Cuidarnos mutua y recíprocamente en todo sentido -es como un lema en esta pandemia- no solamente es un requerimiento de convivencia en sociedad, sino también, respuesta y remedio al individualismo o la falta de generosidad. ¡Extendamos la mesa para que todos se sientan invitados a la comunión, que nadie se sienta excluido de esta mesa que el mismo Cristo tiende para todos!

En feliz coincidencia -a pesar de lo dificil del momento, especialmente para los más golpeados por la pobreza- esta fiesta de la comunión se lleva a cabo el día de la colecta anual de Cáritas en todo el país, cuyo lema es: “Tu generosidad aumenta la esperanza”. Este lema nos ayuda a comprender la necesidad de la Eucaristía para generar en nosotros esa caridad, ese amor, que es salida de sí, donación y compartir generoso con los que menos tienen. ¡La última cena: ni más ni menos!

Jesús, alimento que da vida

¡Pan vivo, cuerpo y sangre, verdadera comida y verdadera bebida! Tan clara como fuerte es la palabra del evangelio de san Juan. “Yo daré mi carne para la Vida del mundo” dice el Señor. ¡Y “Vida” dicho y escrito con mayúscula! Muy queridos hijos, hermanos y fieles todos: en esta nueva solemnidad del santísimo cuerpo y sangre de Cristo, en el contexto de este sufrimiento, desorientación, angustia y miedo en que nos ha sumido la pandemia, se nos presenta el sacramento como el verdadero, gran y más necesario alimento de los creyentes. Necesitamos comer este Pan vivo, recibir a Jesús resucitado, comulgar el sacramento del amor verdadero. Este don incomparable, es auténtico pan de los pobres y medicina espiritual de los pecadores.

¿De dónde vamos a sacar fuerzas para caminar esperanzados, mantenernos unidos y trabajar por el bien común? Será posible si nos dejamos nutrir por un alimento que viene de lo alto y un pan por el cual gustamos la dulzura del amor, la gracia y la misericordia de Dios mismo. En este tiempo he podido palpar como tantísimos fieles, familias y comunidades, desean, ansían y valoran la Eucaristía. Esta especie de “ayuno” eucarístico tan peculiar, seguramente nos ayudará a aprender la lección de la necesidad del sacramento para la vida. Roguemos confiadamente volver a la “nueva normalidad” eucarística, a la verdadera fiesta del pueblo santo de Dios. Así sea.

Ariel Torrado Mosconi    –    Obispo de Santo Domingo en Nueve de Julio

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