Conocé su historia: Pancho Sierra, el gaucho adorado ante las adversidades sanitarias

Nacido en Salto, este fue bautizado popularmente como el “Gaucho Santo”. Infocielo visitó la localidad bonaerense para descubrir su historia.

Nacido en Salto hace poco menos que doscientos años, este hombre fue bautizado popularmente como el “Gaucho Santo”: personas de todo el país llegaban hasta el interior de la provincia de Buenos Aires para rendirle adoración. ¿Su mayor hazaña? Decían que tenía dones curativos.

Salto es una ciudad de la provincia de Buenos Aires, sede administrativa del partido homónimo y cuna de los mejores campos del territorio bonaerense, motivo por el cual ha podido constituirse como una fuerte comunidad agrícola. Se encuentra a 55 km de Pergamino y, para llegar, sus principales vías de acceso y comunicación son las rutas provinciales 31, 32 y 191. Entre sus más destacados lugares turísticos o sitios de interés, se destaca la historia de Pancho Sierra. Desde INFOCIELO recorrimos las calles de la ciudad y llegamos hasta los puntos más emblemáticos de su biografía.

Pancho Sierra fue bautizado popularmente como el “Gaucho Santo”: personas de todo el país llegaban hasta el interior de la provincia de Buenos Aires para rendirle adoración.

¿Quién fue Pancho Sierra?

Ni de cerca es contemporáneo a epidemias y pandemias como el Covid-19 o la incipiente y alarmante viruela del mono. De hecho, parece irónico pero conforme avanzaron las crisis y adversidades sanitarias modernas, su recuerdo supone quedar en el olvido: Salto parece haber dejado atrás las épocas doradas en las que decenas y decenas de micros se estacionaban los 4 de diciembre para rendirle culto.

Ante el relato popular circulante, el hombre nacido el 21 de abril de 1831 era sumamente convocante ante la desesperación de familiares y amigos, quienes en busca de remedios y soluciones para todo tipo de enfermedades recurrían a su presencia. La versión pública indica que Pancho curaba con agua fría; a la distancia, en la ciudad hoy expresan y explican su devoción reflexionando, sobre todo, el contexto: “Era fácil curar con agua fría en un momento en el que todo lo demás era enfermedades, cólera, infecciones virales…”

También hay quienes dicen que el milagro radica en el logro de haber podido juntar personas de familias aristocráticas junto a otras más humildes: Pancho era hijo de Don Francisco Sierra y Doña Raimunda Ullua, cursó sus estudios en Buenos Aires -en el Colegio de El Salvador- y se destacaba como un hombre elegante y de finos modales. En ese entonces, que alguien se dispusiera a escuchar los problemas de la gente también parecía algo extraordinario.

Pancho estudiaba medicina y supo vivir frente a la iglesia principal del pueblo, ubicada sobre la hoy en día identificada como Plaza San Martín. Él estaba enamorado de su prima, quien lo deja. Por mal de amores Pancho decide recluirse en soledad. Tras un ayuno de 3 meses en su estancia “El Porvenir” regresa al pueblo. Su relato era determinante: decía haber sentido las primeras manifestaciones de los espíritus. Con el paso del tiempo se deshace de todas sus riquezas y se convierte en protector de desvalidos y mano santa.

Comienza a curar con lo poco que tiene a su alcance: por ejemplo con agua fresca de un aljibe, combinada con el profundo magnetismo de su voz, su mirada penetrante, y fundamentalmente la fe de quienes solicitaban su ayuda. Así, dicen, fue con grandes terratenientes: acaudalados como estancieros Ortíz Basualdo, Roberto Cano y otros más.

Una anécdota a día de hoy vigente es la de un hombre que llegó hasta Pancho Sierra con una silla de ruedas: que el gurú le consultó “¿Para qué viniste?” y el desahuciado respondió “Si no puedo caminar”. Acto seguido, Pancho alentó al hombre a que se bajara de la silla y se levantara hacia donde estaba él. “Y el hombre se levantó y caminó”, comenta Mónica, una de las guías de la Dirección de Turismo de Salto.

Los lugares de culto a Pancho Sierra

Pancho falleció el 4 de diciembre de 1981. El 15 de marzo de 1982 se realizó un acto en su honor en el cementerio de Salto, actividad que fue presidida por Don Rafael Hernández -hermano de José Hernández, autor del Martín Fierro-. Sierra había dejado expresado hora y recorrido preciso para su entierro. En un momento, Rafael cambia el itinerario, y quienes habían sido testigos del pedido de Pancho se quedaron quietos sin avanzar, obligando a Rafael a cumplir 100% con lo pautado por Sierra.

Durante esa jornada lo pronunciaron como “El Gaucho Santo”. Sus fieles aseguran que sus milagros no cesan, miles de visitantes dejan sus ofrendas florales y rezan en el mausoleo ubicado en el interior del cementerio de Salto, y en la pared lateral del mismo, donde está su estatua con cientos de placas.

En pleno apogeo de la fe a Pancho Sierra, los devotos rendían tal adoración hasta tal punto de meterse y llegar a sacar astillas del cajón. Hay gente que viene y le pide a él, y después hay gente que cura en nombre de él: “La familia no está de acuerdo con eso”, expresa Omar Quiñones, referente del Museo Rincón de Historia de la ciudad. Ante estos desencuentros, los descendientes quisieron llevar los restos de Pancho Sierra hasta Pergamino, pero Salto declaró el mausoleo como Monumento histórico imposibilitando aquello.

Por una cuestión económica, los locales reconocen que cada vez llegan menos devotos. Consultados acerca de si la historia convoca a algún tipo de promoción turística en particular, desde la Dirección de Turismo y de Cultura adhieren que la fe no se promociona.

La figura mística de Pancho Sierra extendió su historia mística en América y diferentes partes del mundo. Curiosamente, en Salto dan fe de haber recibido turistas extranjeros, y en particular el recuerdo a unos franceses, cuyo principal objetivo era dar con los restos del Gaucho Santo.

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