De la Medición Colectiva a la Excelencia Individual: Cómo Agropecuaria Vidal Revoluciona la Ganadería de Carne con la Raza Limangus

Jornada a campo del IPCVA en 9 de Julio: En dialogo con  Casares On Line, el médico veterinario Arturo Díaz detalló la transformación de la firma —históricamente ligada a la cuenca lechera— hacia un modelo cárnico de alta precisión en Cabaña La Coincidencia. Trazabilidad absoluta con caravanas y collares, el rol estratégico del forraje y el valor innegociable del capital humano en el establecimiento.

Detrás del sólido renombre que Lácteo Vidal consolidó a lo largo de las décadas a través de sus tambos y la elaboración de quesos reconocidos en toda la región, late una estructura agropecuaria diversificada que, lejos de ser accesoria, hoy reclama un protagonismo central en el negocio de la carne. Se trata de Agropecuaria Vidal, un engranaje ganadero diseñado meticulosamente para la producción de carne de alta eficiencia que, hace unos años, dio un salto cualitativo definitivo con la fundación de la Cabaña “La Coincidencia”. El corazón biológico y genético de este proyecto tiene un nombre propio indiscutido: la raza Limangus.

Para conocer en detalle el funcionamiento del establecimiento, los números detrás de cada etapa biológica y la intensa incorporación tecnológica que redefine la gestión diaria, dialogamos a fondo con el médico veterinario Arturo Díaz, integrante estratégico del equipo técnico de la firma. Con la claridad de quien combina la práctica de las botas en los corrales con el análisis estadístico de escritorio, Díaz desglosó un modelo productivo que rompe con las viejas costumbres de la ganadería tradicional.

Una estructura integrada entre La Pampa y el pueblo

El esquema de producción de Agropecuaria Vidal se despliega en una sincronía territorial perfecta. Tal como explica el profesional, el ciclo se estructuró a partir de la incorporación de genética de punta para abastecer, en primera instancia, una necesidad de consumo y reposición interna, antes de expandirse hacia horizontes netamente comerciales. “La idea del dueño fue clara: miremos lo que producimos, pero en cada una de las etapas”, señala Díaz.

Hoy, esa premisa se traduce en un seguimiento minucioso que diferencia zonas de cría y recría. En la provincia de La Pampa, el establecimiento concentra el núcleo de la cabaña genómica y el manejo selectivo de los vientres. Posteriormente, todo el lote destinado a la recría se traslada a las instalaciones ubicadas en las afueras de nuestra localidad. Esta segmentación permite optimizar los recursos forrajeros de cada zona geográfica y, fundamentalmente, aplicar un control de pesaje, sanidad y conversión alimenticia adaptado a las necesidades específicas de cada categoría.

Romper el paradigma: medir individuos en lugar de poblaciones

El verdadero punto de inflexión en Cabaña La Coincidencia radica en cómo se procesan y evalúan los datos productivos. La ganadería argentina ha estado históricamente acostumbrada a promediar: se evalúan kilos globales, preñeces generales y ganancias diarias basadas en el conjunto del lote. En Agropecuaria Vidal desterraron ese concepto.

“Todos estamos acostumbrados a medir poblaciones y nosotros proponíamos medir individuos; dos animales pueden vivir conjuntamente pero tener características muy desiguales a la hora de convertir alimento en carne.” Para lograr semejante nivel de especificidad, el establecimiento se apoya en una batería de corrales de testeo tecnológico que permiten individualizar el comportamiento de cada reproductor, vaquillona, novillo o ternero. El objetivo es claro: detectar científicamente cuáles son los ejemplares sobresalientes del plantel, aquellos capaces de transformar la pastura en músculo de forma óptima, para seleccionarlos como los verdaderos representantes y difusores de la raza.

La tecnología como un engranaje sin retorno

Cuando se recorren las instalaciones del establecimiento, llama la atención la convivencia armónica de las tareas rurales tradicionales con herramientas de vanguardia tecnológica.

Caravanas electrónicas, collares de monitoreo biométrico y el uso de drones para la supervisión y relevamiento de los campos forman parte del paisaje cotidiano de la empresa.

Lejos de verlo como una complicación, el médico veterinario describe este proceso de modernización como una inercia natural del sistema: “Esto es un engranaje. Cuando arrancas con el primer diente, te das cuenta de que te falta el segundo, el tercero y el cuarto. Todo va de la mano”. La necesidad inicial de medir un parámetro específico abrió ventanas de conocimiento inéditas para el equipo técnico, obligándolos a incorporar nuevas herramientas informáticas y de trazabilidad digital para alcanzar la verdad de los datos económicos y zootécnicos del negocio.

Limangus: la “niña bonita” de la empresa

Consultado sobre la elección de la raza y las proyecciones a mediano plazo, Díaz se muestra categórico. Aunque los corrales de prueba se utilizan eventualmente para ensayar la conversión con otras razas —como los terneros Holando que circunstancialmente forman parte de pruebas nutricionales con plantas comerciales—, la prioridad absoluta de la cabaña es y seguirá siendo Limangus.

“Estamos convencidos de que la raza productora de carne por excelencia es Limangus. No tenemos ninguna duda. Es la raza élite para nosotros y va a ser siempre la niña bonita de la empresa”, afirma con contundencia. Sin embargo, el profesional aclara que no cierran los ojos ante el dinamismo del mercado ganadero: la firma mantiene líneas de evaluación sobre otras variedades biológicas con el foco puesto en esquemas de cruzamiento industrial, bajo la premisa de que los productores que busquen maximizar rindes cárnicos en el futuro deberán recurrir inevitablemente al vigor híbrido.

Sustento forrajero y el pilar insustituible del factor humano

Ningún esquema genético ni tecnológico puede expresar su máximo potencial si no cuenta con un combustible de calidad y un equipo que lo ejecute. En el plano nutricional, Agropecuaria Vidal basa su estrategia en una oferta forrajera amplia y diversificada, diseñada para cubrir todo el ciclo completo. El manejo incluye verdeos de invierno, pasturas implantadas y un fuerte esquema de reservas mediante ensilajes y rollos, complementados de manera estratégica y quirúrgica según la categoría y la época del año.

Hacia el cierre del diálogo, Díaz detiene el análisis técnico para hacer un fuerte hincapié en el elemento que verdaderamente sostiene la estructura: el factor humano. Frente a una realidad provincial y nacional compleja, donde la capacitación y la retención del personal rural idóneo representan un desafío crítico para las empresas agropecuarias, el veterinario puso en valor al personal del establecimiento.

“Nada de esto sería posible sin el factor humano de toda la cabaña, de la gente que está en la cría o en la recría. Quien crea que puede montar una empresa tecnológica sin personal está equivocado; cuesta capacitar a la gente y sostenerla en el tiempo, pero nosotros estamos eternamente agradecidos al grupo de trabajo que tenemos. Todo funciona porque ellos son el pilar básico”, concluyó.

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