“El ballet no es sacrificio, es esfuerzo y pasión”: La contundente definición de Eleonora Cassano en su paso por Carlos Casares

La reconocida bailarina argentina compartió una jornada de formación con alumnas de la Escuela de Danzas Move, dirigida por la profesora Nahili Bussio. Luego ofreció una charla abierta en la que habló de su trayectoria, el esfuerzo, la pasión por bailar, los prejuicios que aún existen sobre la danza y la importancia de que los chicos disfruten del camino sin presiones.

La presencia de Eleonora Cassano en Carlos Casares tuvo una repercusión especial para la comunidad vinculada a la danza. La reconocida artista brindó una master class en la Escuela de Danzas Move, que dirige la profesora Nahili Bussio, y posteriormente participó de una charla abierta con padres, alumnas y público en general.

En un encuentro ameno, cercano y cargado de anécdotas, Cassano respondió las preguntas de Casares On Line y de las propias estudiantes, repasando distintos momentos de una carrera extraordinaria, pero también dejando reflexiones sobre la enseñanza, la exigencia, el cuerpo, la vocación y el rol de las familias.

“A una clase de ballet hay que ir a disfrutar”

Luego de compartir la actividad con dos grupos de alumnas, Cassano destacó el entusiasmo y la actitud con la que participaron de la jornada.

“Yo la pasé muy bien con todas, con el primer grupo y con el segundo grupo, las expertas y las no tan expertas”, señaló, antes de remarcar que el objetivo principal de una clase debe ser que las chicas disfruten.

“Ellas tienen que ir a disfrutar. No pueden ir a una clase de ballet pensando ‘qué plomo, me aburro’. Eso es lo que tiene que pasar. Y bueno, pasó”, expresó con naturalidad.

También valoró especialmente el acompañamiento familiar y dirigió un mensaje a los padres: “Quiero que sepan que es fundamental el apoyo de los padres, porque si no es imposible. Estas nenitas tal vez no son tan conscientes de todo eso”.

Una vocación que comenzó a los siete años

Consultada sobre sus primeros pasos en la danza y si el arte estaba presente en su familia, Cassano contó que su madre había estudiado en la escuela del Teatro Colón.

Sin embargo, explicó que su vocación surgió después de asistir, cuando tenía apenas siete años, a una función de ballet en ese teatro.

“Me encantó y les pedí que me lleven a estudiar eso”, recordó. Sus padres la llevaron a estudiar con Olga Ferri y, apenas cinco meses después, se presentó al concurso de ingreso a la escuela del Teatro Colón.

Ingresó con siete años y medio, en una selección en la que participaron alrededor de 600 niñas. “Quedamos treinta en un curso y treinta en otro”, relató.

Diez años más tarde, luego de completar la carrera, solamente dos alumnas lograron recibirse. “Y yo sola terminé bailando”, contó, aunque aclaró que nunca vivió ese recorrido como un sacrificio.

“Hay una diferencia entre sacrificio y esfuerzo. Sacrificio es hacer algo que te obligan a hacer. Yo nunca sentí sacrificio. Al contrario, lo disfruté plenamente”, sostuvo.

Trabajo, esfuerzo, dedicación y amor

Para Cassano, una carrera en la danza requiere mucho más que condiciones naturales.

“Trabajo, esfuerzo, dedicación y amor hay que poner a cada paso que se da en una carrera de danza”, afirmó.

También recordó que desde muy pequeña tuvo la posibilidad de vivir experiencias que marcaron su formación. A los 15 años viajó a Venezuela, invitada por la Fundación Teresa Carreño, donde permaneció dos meses bailando junto a otros artistas.

Más adelante, en 1987, participó de un concurso en Nueva York, experiencia que también quedó entre los momentos importantes de su trayectoria.

Los prejuicios que todavía alejan a los varones del ballet

Uno de los temas abordados durante la charla fue la participación de varones en la danza. Cassano señaló que, aunque hace muchos años que el ballet dejó de ser una actividad exclusivamente femenina, todavía persisten prejuicios.

“La danza hace muchos años que ya se sabe que es para los dos. Nos complementamos perfectamente y no se puede bailar sin un bailarín, sin un compañero”, explicó.

Sin embargo, reconoció que continúa existiendo la idea equivocada de que un chico que estudia ballet será objeto de cuestionamientos o burlas.

“Siguen manteniéndose conceptos de que un chico, si quiere estudiar, se va a hacer gay por estudiar ballet, o toda esa cosa de prejuicios que se fueron generando durante años”, manifestó.

Según su mirada, esas situaciones se sienten especialmente en las provincias, donde muchas veces los varones son alentados a practicar fútbol, pero no reciben el mismo respaldo cuando quieren acercarse a la danza.

Una postura firme frente a los trastornos alimenticios

Uno de los momentos más contundentes de la charla estuvo relacionado con los estereotipos físicos y la presión sobre los cuerpos de bailarinas y bailarines.

Cassano explicó que, si bien determinadas condiciones físicas pueden influir en una carrera profesional, eso no debe convertirse en una exigencia dañina ni en una razón para afectar la autoestima de los alumnos.

“Hoy está cambiando, por suerte. Yo soy súper pesada y molesta con ese tema”, afirmó.

Y fue clara al dirigirse a las estudiantes: “No tienen que permitir que nadie les diga que no tienen que comer, que se tienen que cuidar o que tienen que adelgazar. Nadie hoy te puede decir eso ni lastimarte con respecto a tu cuerpo”.

La artista recordó que durante muchos años se impusieron parámetros físicos muy estrictos y que todavía existen casos de jóvenes que sufren por esas exigencias.

“Hay que ser muy cuidadoso con ese tema”, insistió, al advertir que la presión por alcanzar determinados cuerpos puede derivar en trastornos alimenticios.

Una carrera extensa y una misión: acercar el ballet a la gente

Cassano contó que comenzó a bailar en escenarios del Teatro Colón cuando era muy pequeña y que, con el paso de los años, su carrera se extendió por décadas.

“Yo tengo 61 años y bailé desde los ocho, así que imaginate”, expresó.

Pero al hablar de su etapa más conocida, destacó especialmente el trabajo realizado junto a Julio Bocca, con quien recorrió escenarios de todo el mundo.

Para Cassano, uno de los mayores logros de aquella dupla fue sacar al ballet de los espacios tradicionales y acercarlo a públicos que habitualmente no concurrían a los teatros.

“Hicimos funciones en canchas de fútbol, en el Luna Park y en lugares que nadie esperaba. La gente se enteró de que existía el ballet y se dio el permiso de ir a ver una función sin necesidad de conocer o ser entendido”, recordó.

En ese sentido, consideró que junto a Bocca lograron abrir una puerta muy importante: “La gente se dio cuenta de que lo disfrutaba”.

También lamentó que, después de aquella etapa, no se haya mantenido una presencia popular sostenida de grandes figuras de la danza argentina.

El recuerdo de una noche inolvidable en el Luna Park

Ante la pregunta de una alumna sobre cuál había sido el momento más feliz de su carrera, Cassano eligió una situación muy particular.

Contó que, en una oportunidad, Julio Bocca la llamó de urgencia para que lo acompañara en una función en el Luna Park. Ella llevaba un año sin utilizar sus zapatillas de punta y no tuvo tiempo de ensayar.

“Me dicen ‘vení porque si no suspende el Luna Park’. Fui y bailé El Quijote, que hacía un año que no lo bailaba”, relató.

Pero lo más emotivo ocurrió cuando se abrió el telón. Su hijo Tomás, que por entonces tenía alrededor de tres años, estaba junto a su padre observándola desde un costado.

“Cuando se anunció que bailaba yo con Julio, el Luna Park se vino abajo. Faltaba el aire de lo que aplaudieron”, recordó.

Y luego resumió aquella emoción en una frase: “Miré hacia el costado, lo vi a mi hijo mirándome y dije: ‘¿Qué más puedo pedir?’. Yo estaba en el cielo”.

“No piensen en llegar lejos, piensen en mejorar día a día”

Otra de las preguntas de las alumnas estuvo relacionada con los consejos para quienes sueñan con llegar lejos en la danza.

Cassano respondió que el objetivo no debería ser la fama ni el reconocimiento.

“Que no piensen en llegar lejos. Que piensen en mejorar día a día”, recomendó.

Y agregó: “Trabajar, estudiar y bailar con mucha pasión y dedicación. Pero no piensen en proponerse llegar a ser famosos o conocidos”.

En su caso, explicó que solamente había querido ser primera bailarina del Teatro Colón y que el resto de las experiencias fueron llegando con el tiempo.

A pesar de haber vivido situaciones extraordinarias, como viajar por el mundo, alojarse en castillos o conocer reyes, aseguró que nunca perdió de vista su vida cotidiana.

“Yo sabía que era la mamá de Tomás y Julieta, la esposa de Sergio. Y nada, el honor a la persona, no a la famosa”, expresó.

Una enseñanza que también pasa por la emoción y el compañerismo

Cassano remarcó que una clase de ballet no puede limitarse únicamente a la técnica.

“Además de todo lo que se enseña, tiene que haber un algo más en una clase de ballet, porque si no es tedioso”, explicó.

Para la bailarina, ese componente está relacionado con la emoción, el respeto y el vínculo entre compañeros.

“Por más que la danza sea súper individual, ellas tienen que saber que si no respetan a la que tienen al lado, no van a llegar”, sostuvo.

También explicó que sus clases combinan exigencia y humor, pero que el objetivo es que las alumnas quieran regresar a la siguiente clase, no que sientan rechazo o aburrimiento.

“Yo les exijo muchísimo, pero tienen que encontrar esa motivación para volver a la otra clase sin decir ‘uy, tenemos que volver’”.

El rol de los padres y la necesidad de no imponer sueños

En otro tramo de la charla, Cassano se refirió a los padres que pretenden que sus hijos cumplan sueños que ellos no pudieron concretar.

“Uno no puede transmitirle a un hijo lo que la madre quiere hacer, o el padre”, afirmó.

Incluso, con su habitual espontaneidad, contó que suele decirles a las alumnas: “Si te manda tu mamá, decile a tu mamá que venga a estudiar danza”.

Respecto de la exigencia, consideró que debe surgir de los propios chicos y no ser impuesta por los adultos.

“Tienen que decir: ‘No tengo las zapatillas’, ‘no me hice el rodete’, ‘llego tarde a la clase’, ‘no quiero faltar’. Eso es lo que tienen que decir ellos. Porque si no, no tiene sentido”, explicó.

Reconocimiento a Nahili Bussio y a la Escuela de Danzas Move

En el cierre del encuentro, Cassano felicitó especialmente a Nahili Bussio por la organización de la master class y por el trabajo que lleva adelante junto a su equipo docente.

“Me quedé sorprendida, sinceramente. Primero por la organización, que ya la venía viendo, que era todo perfecto, pero no conocía a las nenas trabajando”, señaló.

Y agregó: “Me re sorprendieron. Un gusto que se pueda trabajar así en un lugar chico. Te re felicito porque me encanta”.

Por su parte, Nahili Bussio reconoció que la visita de Cassano representaba un sueño cumplido y destacó no solamente su trayectoria, sino también la sencillez y el trato que tuvo con las alumnas.

“Para mí un sueño. Yo soñaba ser como ellas, pero no llegué. Ver hoy a mis alumnas, a mi maestra Mariela y a vos, una persona súper sencilla, un amor de persona, cómo tratabas a las nenas con amor, me parece que es por ahí”, expresó emocionada.

Una actividad declarada de Interés Legislativo

La jornada tuvo además un reconocimiento institucional. El Honorable Concejo Deliberante de Carlos Casares declaró de Interés Legislativo la master class, destacando la iniciativa y la labor que desarrolla la Escuela de Danzas Move.

La distinción puso en valor una propuesta que no solamente ofreció formación artística, sino que permitió a niñas, jóvenes, familias y docentes compartir una experiencia con una de las figuras más importantes de la danza argentina.

Más allá de los pasos aprendidos, la visita de Eleonora Cassano dejó un mensaje claro: la danza requiere disciplina y esfuerzo, pero también alegría, respeto, acompañamiento y, sobre todo, pasión por hacer aquello que se ama.

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