El “fixture” preventivo contra la chicharrita: tácticas para el arranque de la campaña

La Red de Manejo de Plagas de Aapresid (REM) adelanta estrategias para anticiparse a todas las jugadas de la chicharrita en la próxima campaña. 

A más de dos años del duro golpe que significó la histórica epifitia de achaparramiento en el maíz, la chicharrita (Dalbulus maidis) sigue siendo el rival a vencer en la cancha agropecuaria. Tras una campaña 2024/25 que dio un respiro, los datos más recientes de la Red Nacional de Monitoreo encendieron algunas alarmas al registrar incrementos poblacionales tempranos en varias regiones durante el ciclo 2025/26.

La Red de Manejo de Plagas de Aapresid (REM) publicó un informe donde detalla el escenario actual y perspectivas para la plaga y anticipa estrategias a poner en práctica desde ahora, para evitar que la chicharrita “dé la vuelta olímpica” en la próxima temporada. 

No confiarle la prevención al “invierno”

Tradicionalmente se creía que las heladas eran las únicas aliadas invernales contra la plaga, pero investigaciones recientes demuestran que, si bien contribuyen a frenarla, la chicharrita posee estrategias biológicas para sobrevivir al frío, como la acumulación de reservas de energía y ciclos reproductivos que se ponen en pausa hasta que detectan la presencia de los primeros maíces.

En esta línea, el informe de la Red de Manejo de Plagas (REM) de Aapresid remarca que la clave no es una receta única, sino un manejo integrado y regional basado en cortarles los caminos.  El primer paso es eliminar los “puentes verdes”. El verdadero factor de mortalidad de la plaga es el “hambre”, es decir, la ausencia prolongada de su único alimento en el paisaje. Controlar maíces voluntarios o “guachos” durante el invierno es fundamental para cortar el ciclo biológico de la plaga y obligarla a consumir sus reservas energéticas.

Otra estrategia es mantener un vacío sanitario (sin maíz en la región) o “veda de maíz” de al menos tres meses. En zonas endémicas como NEA y NOA, esto se logra respetando y concentrando las fechas de siembra, evitando las siembras tempranas o escalonadas que favorecen que las chicharritas salten cómodamente de un lote a otro.

En la misma línea, coordinar las ventanas de siembra entre productores de la misma zona es fundamental. La utilización de híbridos tolerantes adaptados a cada zona es una práctica obligada, así como el tratamiento de semillas y el monitoreo del cultivo desde el minuto cero, en especial en zonas de alto riesgo, en lotes tempranos y en bordes próximos a maíces desarrollados.

El uso de trampas es clave para anticipar las jugadas del vector. Pero sobre este punto, el informe de la  REM es claro: el partido no se gana mirando sólo el marcador de capturas. Primero, porque debe comprenderse que contabilizar muchos individuos en las trampas no necesariamente es sinónimo de mayor riesgo. Es fundamental conocer los niveles de infectividad, factor que, según los especialistas, varía mucho según regiones.

Luego, porque toda estrategia de manejo integrado debe planificarse entendiendo la interacción entre el clima, la biología del insecto y la disciplina colectiva en el lote.

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