La Paloma: El pueblo de 9 habitantes que recuperó su escuela

Una familia de Coronel Pringles restauró una escuela rural de hace más de 60 años, que había sido cerrada. Allí levantaron un museo que reavivó el turismo

En el sudoeste de la provincia de Buenos Aires, a menos de 10 kilómetros de Coronel Pringles se ubica La Paloma, un paraje en el que viven apenas 9 habitantes. Entre ese reducido número de personas, se encuentran Cristian Kurtz y su familia que, con el apoyo de vecinos actuales y antiguos pobladores rescataron del olvido una escuela que había sido cerrada hace más de una década y la convirtieron en un museo abierto a la comunidad para preservar el patrimonio histórico local.

 “Nos enorgullece un montón poder aportar nuestro granito de arena desde acá para luchar y defender lo que es nuestra historia y nuestra cultura”, comenta Kurtz en diálogo con INFOCIELO y asegura: “Hoy en día, el Museo La Paloma, el paraje y el turismo rural que se está desarrollando acá, está reconocido por el país e incluso llegan visitantes extranjeros. Es impresionante cómo la gente nos acompaña”.

Hace diez años, donde hoy se ubica el Museo Histórico – Cultural paraje La Paloma, se hallaba una antigua edificación abandonada entre pajonales. Allí funcionó hasta 2008 la Escuelita Rural N°15 que, a principios del siglo XX, recibía a sus estudiantes en un galpón de chapa y madera hasta que se construyó el edificio que lo reemplazó, durante la presidencia de Perón.

A diferencia de otros tantos pueblos de la Provincia, el pequeño poblado de La Paloma no surgió a raíz de la llegada del ferrocarril, sino que nació en torno a un establecimiento que se levantó hacia 1865, durante el gobierno de Bartolomé Mitre, como posta en el camino de carretas que unía Azul con Patagones. Luego, hacia fines de 1890 y principios del 1900, se sumaría otro almacén importante, que permitió un crecimiento aún mayor del lugar.

 “Era un paraje muy importante. Habían muchas chacras, con muchas familias, y cada familia tenía entre 9 y 14 hijos, entonces,en su momento, la escuela tenía alrededor de 30 chicos”, cuenta Kurtz y explica que “hoy en día, los pool de siembra, los campos grandes que habían abarcado toda la zona, se dejaron de lado; las chacras fueron vendidas y se mudaron para el pueblo (Pringles) ”.

A medida que se iba produciendo el éxodo de La Paloma, el paraje se fue apagando y, cuando la escuelita cerró sus puertas en 2008 debido a la falta de matrícula, su destino parecía sentenciado al olvido. Tres años después de ese momento, Cristian Kurtz y su familia llegaban al lugar desde Coronel Pringles en un paseo de domingo en el que se proponían sacar algunas fotos. Lo que no se imaginaban era todo lo que sucedería allí tiempo después.

 “Habíamos viajado con mi suegra, que ella se crió acá en el paraje; además tenía a mi abuelo que fue director técnico del equipo de fútbol local. Entonces cuando vimos la escuela dijimos ‘qué lástima ver esto cerrado´, pero sacamos unas fotos y nos volvimos”, recuerda Cristian que, en aquella época, con 30 años de edad, se dedicaba a comerciar antigüedades, “a los 3 días, estaba hablando en el negocio con un amigo que también había pasado por acá y ahí salió la idea de ver qué se podía hacer, queríamos tratar de ver si podíamos reconstruirla para que no la siguieran rompiendo porque, al estar cerrada tenía vidrios rotos y estaba desastrosa”.

Con ese anhelo, convocaron a ex estudiantes, vecinos y personas que habían trabajado en la institución con la intención de sumar ideas y deliberar en conjunto qué se podía hacer con la escuela. “Una opción era formar una cooperadora y reabrirla. La otra era hacer un museo y preservar la cultura y la historia del paraje”, indica Kurtz. Luego de presentar ante el Consejo Escolar de Coronel Pringles el proyecto de volver a abrir las puertas del colegio, la respuesta que recibieron fue negativa. “Una vez que se cierra una escuela, ya no se vuelve a abrir”, les dijeron.

Con la primera idea rechazada, pusieron todo su empeño en la segunda opción, el museo. Para que el Ministerio de Educación les cediera el lugar en comodato, formaron la ONG Comisión Recuperación Histórico – Cultural Paraje La Paloma y, tras resolver una serie de requerimientos legales, lograron obtener el poder de la escuela.

 “Pudimos hacer posesión en el 2011 y así logramos limpiar,mantener, pintar, cortar el pasto; pero recién en 2013 nos mandaron todos los papeles aprobados para inaugurar el museo”, detalla Kurtz que, junto con alrededor de 30 personas más, hicieron un trabajo de hormiga y volvieron posible algo que muchos consideraban un sueño disparatado: “Cuando presentamos la idea del museo, muchos se nos reían en la cara y nos decían ‘locos’. Ahora, el 9 de julio, estamos por cumplir 10 años, después de todo ese tiempo, seguimos con el proyecto en pie; el edificio se preservó, se cuida y hoy recibimos contingentes desde muchos lugares diferentes que se acercan un fin de semana a conocer el lugar, a pasar el día, a comer un asado criollo, un lechón, un postre casero”.

El museo, que según describe su precursor está dividido en distintos sectores; alberga objetos diversos que forman parte de la historia del paraje y de Coronel Pringles: “Está el sector del gaucho, el sector del niño; una parte sobre el club de fútbol de La Paloma, con sus copas; las carreras automovilísticas”.

Mucho más que un museo

Para Cristian Kurtz, su esposa y sus 4 hijas, de 22, 19, 6 y 4 años, la apertura del Museo paraje La Paloma no representó una anécdota más, sino que significó un cambio importante en su estilo de vida: durante el proceso más duro, previo a la apertura, Cristian pasó 2 años viviendo solo en el lugar mientras realizaba tareas de mantenimiento para poner el lugar a punto y que su familia pudiera mudarse con él.

 “Yo me vine a vivir acá a La Paloma y mi familia vivía en Pringles. Como estaban cerca, iba día por medio para allá y los fines de semana nos juntábamos en La Paloma con toda la familia. Así fue hasta que nos vinimos a vivir acá”, relata Cristian, que dejó atrás su negocio de antigüedades para intentar una nueva aventura.

Trabajando en familia lograron crear un proyecto de vida campestre, que les permite subsistir en medio de un paraje que estaba en vías de extinción: “Hoy en día tenemos una granja didáctica, donde se trabaja con los chicos y las escuelas, además de tener la producción nuestra”.

En las 2 hectáreas de terreno donde se ubica el museo, cuentan con un criadero ecológico de gallinas ponedoras, pero también crían cerdos, ovejas, chivos y cabras lecheras, entre otros animales.

 “La gente hizo un ‘click’ y hoy busca lo natural: el pollo ecológico, el huevo ecológico, la verdura orgánica; todo esto que hacemos nosotros, así que nos vino al pelo porque es una venta importantísima que estamos haciendo”, sostiene Kurtz y menciona que, entre la amplia oferta de productos caseros que elaboran para ofrecerle a los visitantes, se pueden encontrar “comidas típicas, picadas, queso, dulce de leche, crema, manteca, salamín, jamón, bondiola, dulces artesanales”.

El museo paraje La Paloma se encuentra abierto a todo el público, durante todo el año, con entrada gratuita. (DIB)

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