Ni ideales, ni rígidas, ni simples: ¿cómo repensar rotaciones ante un escenario incierto?

Los cultivos de servicios ampliaron las alternativas para salir de esquemas simplificados, pero también volvieron más compleja la toma de decisiones. La necesidad de caracterizar cada ambiente y adaptar los planteos gana peso frente a los desafíos productivos y climáticos.

La agricultura deja atrás el recuerdo del monocultivo y, tras el “boom sojero” de la década pasada, el nuevo mapa productivo plantea nuevas rotaciones más intensificadas.

En la previa del Congreso Aapresid con la fuerza de Expoagro 2026, que se llevará a cabo los días 4, 5 y 6 de agosto en la ciudad de Rosario, especialistas del sector describieron el cambio de sentido de esta práctica tan extendida en la agricultura.

Frente a la incertidumbre climática, económica y productiva, las rotaciones abandonan las recetas únicas y los modelos ideales y se tornan decisiones estratégicas muy dispares, que deben ser diseñadas específicamente para cada lote y ambiente.

Hacia un modelo más complejo

“Las rotaciones son la base de cualquier planteo de agricultura sustentable y regenerativa”, evaluó el investigador Fernando Salvagiotti, coordinador del programa de ecofisiología y agroecosistemas del INTA, y especialista del Conicet que hará su paso por el próximo Congreso Aapresid, “Nuestro Suelo nuestra voz”, para hablar de las oportunidades en cada región en el diseño de rotaciones.

Si bien a lo largo de la historia productiva se han alternado cultivos para evitar el agotamiento del suelo y reducir la proliferación de plagas y enfermedades, el especialista asegura que la estrategia ha cobrado mayor relevancia en los últimos 15 años, cuando empezó a percibirse más claramente cómo la simplificación atenta contra la sustentabilidad de los sistemas productivos.

“Muchas veces las cuestiones coyunturales o económicas provocaron que se haya hecho un abuso de monocultivo de soja, como lo que se observó con fuerza hasta el 2015. Pero, casi en paralelo, surgieron nuevas propuestas para fortalecer la rotación y salir del esquema simplificado, como los cultivos de servicios”, especificó Salvagiotti.

Cuando se trata de cobertura, las especies elegidas tienen diferentes propósitos. En el caso de las leguminosas, como la vicia o los tréboles, permiten fijar nitrógeno de la atmósfera; las gramíneas, como el centeno y la avena, generan gran volumen de biomasa, y aportan carbono y estructura; y las crucíferas ayudan a descompactar el suelo y combatir enfermedades y plagas.

“En su mayoría, son cultivos que no se usan para granos sino solamente para el aporte de carbono y nutrientes, y esa es una novedad con respecto a las rotaciones típicas, entre soja, maíz y trigo, en las cuales solamente se buscaba la renta”, agregó el experto.

En otros casos, como el del girasol en verano, y las oleaginosas de invierno -colza, carinata y camelina- en invierno, también se les ha encontrado un valor económico muy relevante por fuera de su impacto positivo en términos ambientales.

Sin recetas únicas

“Alternativas hay varias, lo importante es planificar qué es lo queremos hacer”, explicó Salvagiotti, que asegura que los aspectos más destacados a evaluar al momento de elegir la rotación son la disponibilidad de agua en el suelo, la región geográfica y los cultivos de renta que allí se realizan.

“Se deben tomar decisiones en base a información certera”, observó, e hizo eco de la sobrada evidencia del efecto que tiene evaluar la lógica de la rotación de acuerdo al contexto: “La soja de primera que está en una adecuada rotación puede tener un rendimiento de hasta 400 kilos más por hectárea que la soja que viene de monocultivo”, ejemplificó.

Del mismo modo, el investigador se detuvo en los desafíos que abren algunas producciones en ciertas regiones, como el maní en Córdoba o la papa en el sur bonaerense; que muestran la importancia de estudiar cada esquema por separado. “Son cultivos que, por su forma de cosecharse y su demanda en nutrientes, pueden degradar el suelo si no se planifican estrategias que ayuden a recuperar y sostener el recurso. Allí también las rotaciones juegan un rol importante”, aseguró.

El aporte de la genética

Las rotaciones ya no son ideales, rígidas ni sencillas, pero sí demuestran ser fundamentales en términos productivos y, cada vez más, una decisión irreemplazable. Eso tiene efectos sobre la propia industria semillera, que tiene ante sí el desafío de adaptar su genética a un contexto de mayor cantidad de cultivos y menos tiempo de barbechos.

“En el caso de los cultivos de servicios como nuevos actores dentro de las rotaciones, son una práctica que llegó para quedarse. En general todos los híbridos de maíz, girasol y cultivares de trigo y soja se han adaptado muy bien a funcionar con cultivos de servicios como antecesores”, evaluó Fernando Mrozek, jefe de Desarrollo de Semillas de ACA.

En ese sentido, Mrozek destacó la importancia de contar con una buena genética para aprovechar el perfil sanitario y los nutrientes generados en la rotación, de modo tal que esas ventajas obtenidas se expresen en una mejora productiva.

“En general, los distintos materiales responden de manera positiva aumentando o manteniendo sus rendimientos luego de la siembra de un cultivo de servicios”, señalaron, por su parte, desde Bayer. Esta respuesta, aseguraron, se explica por una mayor eficiencia en el uso de nutrientes y del agua, junto con una mayor exploración radical, que permite aprovechar las mejoras generadas en las propiedades del suelo. 

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