Un grupo de vecinos de Timote y Carlos Tejedor recorrió durante el fin de semana parte del histórico ramal del Sarmiento hasta llegar a General Pico. Viajaron en tres bicizorras y llevaron la centenaria campana de la estación Timote, que hicieron sonar en cada localidad como símbolo del pedido para recuperar el servicio ferroviario.

Una particular travesía volvió a poner al tren en el centro de la escena. Vecinos de Timote y Carlos Tejedor recorrieron durante el fin de semana parte de las vías del antiguo ramal del Sarmiento a bordo de tres bicizorras, con destino a General Pico y una consigna que sintetizó el espíritu de la iniciativa: “Si hay vías hay esperanza”.
El grupo arribó este domingo a la estación ferroviaria de General Pico, donde fue recibido por un importante número de vecinos, entre ellos ex ferroviarios, escritores y músicos de la ciudad. También estuvo presente el secretario de Gobierno del municipio pampeano, Nicolás Mendoza.
La actividad formó parte de la denominada “Travesía en bici zorra por el Sarmiento”, organizada por el médico veterinario Bruno Rodríguez junto a otros aficionados, con el objetivo de recuperar la memoria ferroviaria de las localidades que alguna vez estuvieron conectadas por el tren de pasajeros y reclamar la restitución del servicio.
Desde Timote, siguiendo las vías del Sarmiento
La travesía comenzó el sábado en Timote. Desde allí, los participantes recorrieron distintos puntos del histórico ramal, pasando por las estaciones de Carlos Tejedor, Santa Inés, Colonia Seré, Cerrito, América, San Mauricio y González Moreno.
El domingo por la mañana retomaron el viaje y continuaron hacia Trebolares, hasta finalmente llegar a General Pico.
El recorrido no estuvo exento de dificultades. En varios sectores las vías se encuentran cubiertas de malezas o directamente intransitables, por lo que las bicizorras tuvieron que ser trasladadas en un vehículo durante algunos tramos.
Las bicizorras son bicicletas especialmente adaptadas para circular sobre las vías ferroviarias mediante un sistema de ruedas que permite desplazarse a pedal. Algunas de las utilizadas durante la travesía fueron equipadas con luces y bocinas y llevaban una inscripción que se convirtió en el lema de la iniciativa: “Si hay vías hay esperanza”.
Una campana centenaria como símbolo
Uno de los elementos más significativos que acompañó la travesía fue la antigua campana de bronce de la estación de Timote.
Rodríguez contó que decidieron llevarla durante todo el recorrido y hacerla sonar tres veces en cada una de las estaciones por las que pasaron, como una manera simbólica de reclamar el regreso del tren de pasajeros.
La campana, con más de un siglo de historia, fue así protagonista de una recorrida que buscó recuperar parte de la identidad ferroviaria de los pueblos que crecieron alrededor de las estaciones.

“Timote se fundó a la vera de la estación”
Para Bruno Rodríguez, la iniciativa tiene además un fuerte componente personal y familiar.
“Timote se fundó a la vera de la estación y siempre fue un pueblo ferroviario”, recordó.
El veterinario contó que es nieto y bisnieto de ferroviarios jubilados y que durante su época de estudiante en la Facultad de Ciencias Veterinarias de General Pico utilizaba el tren para trasladarse desde Timote hasta la ciudad pampeana.
“A mediados de los años 90 yo viajaba en tren desde Timote a Pico para estudiar en la Facultad, hasta que a fines de esa década privatizaron los ferrocarriles y en 2001 el tren dejó de pasar para siempre”, relató.
La historia personal de Rodríguez se entrelaza así con la de cientos de vecinos de las localidades ubicadas a lo largo del ramal, para quienes el tren no representaba solamente un medio de transporte, sino también una herramienta de comunicación, estudio, trabajo y desarrollo.
Un recorrido entre vías abandonadas
El estado actual de buena parte de la infraestructura ferroviaria fue uno de los aspectos que más llamó la atención de los participantes.
Rodríguez explicó que en Timote solamente pudieron recorrer inicialmente unos 100 metros de vías, debido a la falta de mantenimiento.
“Hay vías abandonadas, el panorama es desolador, pero igual quisimos emprender esta travesía”, señaló.
Ante la imposibilidad de circular con las bicizorras por algunos sectores, el grupo preparó un vehículo para trasladarlas hasta aquellos puntos donde las vías se encontraban en mejores condiciones.
El panorama comenzó a cambiar a partir de América. Allí fueron recibidos por ex ferroviarios, quienes colaboraron para que pudieran volver a colocar las bicizorras sobre las vías y continuar el recorrido.
“Si puede pasar un tren de carga, también puede pasar uno de pasajeros”
Uno de los tramos que permitió concretar la travesía fue el comprendido entre América y General Pico, donde las vías permanecen operativas para el transporte ferroviario de cargas.

Después de pasar por González Moreno, donde el grupo descansó durante la noche, continuaron hacia la ciudad pampeana.
“En el tramo de vía entre América y Pico está transitable porque transitan los trenes de carga y si transita un tren de carga como no va a poder transitar un tren de pasajeros”, planteó Rodríguez.
El planteo resume uno de los principales argumentos de quienes impulsan la recuperación del servicio: la existencia de infraestructura ferroviaria en funcionamiento en determinados sectores del recorrido podría constituir una base para pensar nuevamente en la conexión de pasajeros entre las localidades.
Estaciones que perdieron su función
La travesía también permitió observar el estado de las antiguas estaciones ferroviarias.
Rodríguez recordó que, después de las privatizaciones, muchas estaciones fueron cerradas y quedaron sin la función para la que habían sido construidas.
Algunas lograron conservarse gracias a que fueron convertidas en museos, dependencias municipales u otros espacios comunitarios. Otras, en cambio, sufrieron el abandono y el deterioro.
“Algunas se convirtieron en museos, en organismos municipales y gracias a eso están dignamente de pie, pero otras dan pena, porque están saqueadas”, describió.
Y agregó: “Por suerte hay gente que encontró un lugar para vivir, pero no es esa la función. Las estaciones están en ruinas, están saqueadas”.
Un reclamo que vuelve a recorrer las vías
El arribo de las tres bicizorras a General Pico fue mucho más que el final de un recorrido. Para sus protagonistas, representó una manera de volver a poner en circulación una historia que durante décadas estuvo ligada a los pueblos del interior bonaerense y pampeano.
Desde Timote hasta General Pico, pasando por Carlos Tejedor y las demás estaciones del recorrido, la travesía recuperó imágenes de un ferrocarril que supo conectar pequeñas localidades y facilitar el traslado de estudiantes, trabajadores y familias.
Con la campana de Timote sonando en cada estación y las bicizorras avanzando por los rieles, los participantes dejaron un mensaje que sintetizó el espíritu de la iniciativa y, al mismo tiempo, el reclamo de numerosas comunidades ferroviarias: “Si hay vías hay esperanza”.


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